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Somos Soldados – 15 de Adar II 5760

En esta profunda conferencia titulada ‘Somos Soldados – 15 de Adar II 5760’ (audio a1127), el Rab Shaul Malej Shemtob nos invita a reflexionar sobre uno de los conceptos más fundamentales de la vida judía: el compromiso espiritual como una batalla constante entre las fuerzas del bien y el mal, tanto en el plano individual como colectivo.

El título ‘Somos Soldados’ evoca inmediatamente la metáfora militar que permea toda la literatura judía, desde las fuentes talmúdicas hasta las enseñanzas jasídicas. En el judaísmo, cada persona es considerada un soldado en el ejército divino, participando activamente en la lucha cósmica entre la luz y la oscuridad, la santidad y la impureza, la verdad y la falsedad. Esta perspectiva no es meramente filosófica, sino profundamente práctica, ya que define la manera en que el judío debe enfrentar los desafíos cotidianos de la vida.

La fecha de esta enseñanza, 15 de Adar II, nos sitúa en un período especialmente significativo del calendario hebreo. Adar es el mes de la alegría por excelencia, cuando celebramos Purim y recordamos la salvación milagrosa del pueblo judío en tiempos de Amán y Ajashverosh. Sin embargo, esta clase nos recuerda que incluso en momentos de celebración y triunfo, mantenemos nuestra posición de soldados espirituales, vigilantes ante los desafíos que constantemente emergen.

El Rab Shemtob, reconocido por su capacidad de conectar las enseñanzas tradicionales con la realidad contemporánea, probablemente desarrolla en esta conferencia varios aspectos fundamentales de esta metáfora militar espiritual. Primero, la noción de disciplina: así como un soldado debe mantener una rutina estricta y seguir órdenes precisas, el judío observante estructura su vida alrededor de las mitzvot, creando un marco de disciplina espiritual que fortalece su alma y su conexión con lo divino.

La idea de estrategia también es central en esta enseñanza. Un soldado efectivo no solo obedece órdenes, sino que comprende la estrategia general de la campaña en la que participa. De manera similar, el estudio de Toráh no es solo un acto de obediencia, sino una manera de comprender el plan divino para el mundo y nuestro papel específico en su realización. Esta comprensión estratégica nos permite tomar decisiones conscientes y efectivas en nuestra vida diaria.

El concepto de hermandad militar encuentra su paralelo en la responsabilidad mutua que caracteriza al pueblo judío. Ningún soldado lucha solo, y ningún judío puede alcanzar su máximo potencial espiritual en aislamiento. La comunidad, la sinagoga, el estudio en chavruta (parejas de estudio), y el apoyo mutuo son elementos esenciales de esta ‘campaña’ espiritual colectiva.

La valentía es otro aspecto que probablemente se explora en profundidad. Ser un ‘soldado’ en el sentido espiritual requiere el coraje de mantener nuestros principios incluso cuando enfrentamos presión social, económica o política. Implica la valentía de realizar introspección honesta, reconocer nuestros errores, y comprometernos con un proceso continuo de teshuvá (retorno/arrepentimiento).

Finalmente, esta enseñanza nos recuerda que todo soldado sirve a un comandante supremo. En nuestro caso, reconocemos la soberanía absoluta del Creador y entendemos que nuestras ‘batallas’ individuales son parte de un propósito más grande y trascendente. Esta perspectiva nos otorga tanto humildad como fortaleza: humildad porque reconocemos nuestro lugar en un plan que nos trasciende, y fortaleza porque sabemos que no luchamos solos.