Cuando Creces – Madrid Kolel 3 Shebat
Esta profunda enseñanza del Rab Shaul Malej, presentada en el Madrid Kolel el 3 de Shevat de 5768 (enero 2008), aborda uno de los temas más fundamentales del desarrollo humano desde la perspectiva de la Toráh: el crecimiento personal y espiritual. El título original ‘Cuando Creces – Madrid Kolel 3 Shebat’ nos introduce a una reflexión exhaustiva sobre los procesos de maduración que todo ser humano experimenta a lo largo de su vida, vistos a través de la sabiduría milenaria de la tradición judía. El mes de Shevat, conocido como el Rosh Hashaná de los árboles (Tu BiShvat), proporciona un contexto particularmente apropiado para esta enseñanza, ya que es el momento en que la naturaleza comienza su proceso de despertar y renovación, simbolizando el crecimiento y la transformación espiritual. En esta conferencia, el Rab Malej explora cómo los textos sagrados nos enseñan que el crecimiento no es meramente un proceso físico o intelectual, sino principalmente una evolución espiritual que requiere conciencia, intención y trabajo constante sobre uno mismo. La Toráh nos presenta múltiples ejemplos de figuras que experimentaron procesos profundos de crecimiento: desde Abraham, quien creció desde la idolatría hacia el monoteísmo, hasta Moisés, cuyo liderazgo se desarrolló gradualmente a través de pruebas y desafíos. Estos relatos no son meras narrativas históricas, sino modelos arquetípicos que nos enseñan sobre las etapas universales del desarrollo humano. El crecimiento espiritual implica varios aspectos fundamentales: la expansión de la conciencia, el refinamiento del carácter (midot), el desarrollo de la empatía y compasión hacia otros, y la profundización de nuestra conexión con lo Divino. Cada etapa de la vida presenta oportunidades únicas para este crecimiento, desde la infancia hasta la vejez, y cada desafío que enfrentamos puede convertirse en un catalizador para nuestro desarrollo espiritual. La tradición judía enseña que el crecimiento verdadero no ocurre en línea recta, sino en espirales ascendentes, donde a menudo debemos revisitar temas y lecciones anteriores desde niveles más profundos de comprensión. Esta perspectiva nos ayuda a entender que los obstáculos y retrocesos aparentes son parte natural del proceso de crecimiento, no fracasos que debemos evitar. El Rab Malej probablemente aborda también cómo el estudio de la Toráh misma es un vehículo fundamental para el crecimiento, ya que cada vez que nos acercamos a un texto sagrado, lo hacemos desde un lugar diferente de nuestro desarrollo personal, permitiéndonos descubrir nuevas capas de significado y aplicación práctica. La conexión con el mes de Shevat añade una dimensión adicional a esta enseñanza, recordándonos que así como los árboles necesitan períodos de aparente dormancia para luego florecer con mayor fuerza, nuestro crecimiento espiritual también puede incluir momentos de introspección y preparación que preceden a períodos de expansión y manifestación. Esta conferencia del Madrid Kolel representa una oportunidad invaluable para reflexionar sobre nuestro propio proceso de crecimiento y encontrar herramientas prácticas de la tradición judía para continuar desarrollándonos como seres humanos íntegros y conscientes.
996 Como te levantas Tsa 5757
En esta profunda conferencia titulada originalmente ‘996 Como te levantas Tsa 5757’, el Rab Shemtob nos guía a través de las enseñanzas fundamentales sobre cómo enfrentar y superar las adversidades de la vida desde una perspectiva judía auténtica. Esta clase, correspondiente al año hebreo 5757, aborda uno de los temas más universales y necesarios: la capacidad de levantarse después de las caídas, tanto espirituales como materiales.
El concepto de ‘levantarse’ en el judaísmo trasciende la simple recuperación física o emocional. Se trata de un proceso integral que involucra el alma, la mente y las acciones concretas. El Rab Shemtob explora las fuentes talmúdicas y cabalísticas que nos enseñan que cada caída contiene en sí misma la semilla de una elevación aún mayor. Esta paradoja espiritual es fundamental para entender la visión judía del crecimiento personal y la teshuvá (arrepentimiento).
La conferencia examina los diferentes niveles de ‘levantarse’: el físico, que se relaciona con la recuperación de enfermedades o dificultades materiales; el emocional, que involucra superar depresiones, ansiedades y traumas; y el espiritual, que implica retornar a la conexión con lo Divino después de alejarse del camino correcto. Cada nivel requiere herramientas específicas que la tradición judía ha desarrollado a lo largo de milenios.
El Rab Shemtob analiza pasajes clave del Tanaj donde encontramos ejemplos de personajes que enfrentaron grandes adversidades y lograron transformarlas en oportunidades de crecimiento. Desde el patriarca Yaakov luchando con el ángel hasta el rey David superando sus errores más graves, la Toráh nos ofrece un mapa detallado para navegar las crisis de la vida.
Un aspecto central de esta enseñanza es el concepto de ‘yeridá letzórej aliyá’ – descender para poder ascender. Esta idea cabalística sugiere que a veces es necesario atravesar períodos de oscuridad y dificultad para poder alcanzar niveles de luz y comprensión que de otra manera serían inaccesibles. El Rab Shemtob explica cómo reconocer estos procesos en nuestras vidas y cómo trabajar conscientemente con ellos.
La conferencia también aborda las herramientas prácticas que el judaísmo ofrece para el proceso de levantarse: la oración como medio de reconexión espiritual, el estudio de Toráh como fuente de sabiduría y perspectiva, la observancia de mitzvot como estructura que da sentido y propósito, y la conexión con la comunidad como red de apoyo y responsabilidad mutua.
El Rab Shemtob enfatiza que levantarse no es un acto de voluntad individual solamente, sino que requiere reconocer nuestra dependencia del Creador y nuestra interconexión con el pueblo judío y la humanidad en general. Esta humildad paradójicamente se convierte en la fuente de nuestra verdadera fortaleza.
Esta enseñanza resulta particularmente relevante para quienes atraviesan momentos difíciles, ya sea por pérdidas personales, crisis de fe, dificultades económicas o desafíos familiares. El enfoque judío no niega el dolor ni minimiza las dificultades, sino que ofrece un marco de significado que permite transformar el sufrimiento en crecimiento y sabiduría.
El Cuerpo y el Alma
En esta profunda enseñanza registrada como ‘El Cuerpo y el Alma’ (audio a1082), el Rab Shaul Malej nos guía a través de uno de los conceptos más fundamentales del pensamiento judío: la relación intrínseca entre el cuerpo físico y el alma espiritual. Esta clase, impartida desde la perspectiva de la sabiduría tradicional judía, explora cómo la Toráh concibe al ser humano como una unidad integral donde lo material y lo espiritual no están en conflicto, sino en perfecta armonía cuando se comprende correctamente su propósito divino. La tradición judía, a diferencia de otras corrientes filosóficas que consideran el cuerpo como una prisión del alma, enseña que ambos elementos son creaciones sagradas de Hashem que deben trabajar en conjunto para cumplir la misión del judío en este mundo. El cuerpo no es visto como un obstáculo para la espiritualidad, sino como el vehículo necesario para realizar las mitzvot y santificar lo físico. Esta perspectiva revolucionaria encuentra sus raíces en los textos sagrados, desde el Tanaj hasta las enseñanzas del Talmud y los grandes maestros del Jasidut. El Rambam, en su Mishné Toráh, establece principios claros sobre cómo mantener la salud física como parte del servicio divino, mientras que los escritos jasídicos, especialmente los del Baal Shem Tov y el Alter Rebe, profundizan en cómo cada acción física puede elevarse a niveles espirituales cuando se realiza con la intención correcta (kavanáh). En esta conferencia, se abordan temas como la necesidad de cuidar el cuerpo físico no por vanidad sino como templo del alma, la importancia de la alimentación kasher no solo como ley ritual sino como purificación espiritual, y cómo los placeres físicos permitidos pueden transformarse en actos de conexión con lo divino. La enseñanza también explora el concepto de ‘nefesh, ruaj y neshamá’ – los tres niveles del alma judía – y cómo cada uno se relaciona con diferentes aspectos de la experiencia humana. Se discute la responsabilidad de equilibrar las necesidades corporales con las aspiraciones espirituales, evitando tanto el ascetismo extremo como la indulgencia desmedida. La sabiduría jasídica enseña que la verdadera tarea del judío es encontrar lo sagrado en lo mundano, elevando cada aspecto de la vida cotidiana hacia su fuente divina. Esta clase es especialmente relevante en nuestros tiempos, cuando muchos buscan integrar la espiritualidad auténtica con las demandas de la vida moderna. El enfoque judío ofrece una perspectiva única que honra tanto las necesidades del cuerpo como las del alma, proporcionando un camino equilibrado hacia la plenitud espiritual sin negar la realidad física de nuestra existencia.
a1077 Alimentar Las Raices TSA 5753
En esta profunda conferencia identificada como ‘a1077 Alimentar Las Raices TSA 5753’, el Rab Shemtob nos invita a explorar uno de los conceptos más fundamentales del crecimiento espiritual: la importancia de nutrir nuestras raíces para asegurar un desarrollo auténtico y duradero en la vida judía. El título sugiere una enseñanza centrada en la metáfora agrícola, tan presente en la sabiduría talmúdica y cabalística, donde el ser humano es comparado con un árbol que necesita raíces fuertes para dar frutos abundantes.
El concepto de alimentar las raíces en el contexto judío abarca múltiples dimensiones. En primer lugar, se refiere al fortalecimiento de nuestra conexión con los patriarcas y matriarcas, cuyas acciones y méritos continúan nutriendo a sus descendientes a través de las generaciones. Como enseñan nuestros sabios, somos beneficiarios de un legado espiritual que se remonta a Abraham, Isaac y Jacob, Sara, Rebeca, Raquel y Lea, y es nuestra responsabilidad mantener viva esta conexión ancestral.
Desde la perspectiva cabalística, las raíces representan los niveles más profundos del alma, aquellas dimensiones que trascienden la experiencia consciente pero que constituyen la fuente verdadera de nuestra identidad espiritual. El Zohar nos enseña que cada alma judía tiene sus raíces en los mundos superiores, y que alimentar estas raíces significa cultivar nuestra conexión con estos niveles trascendentes a través del estudio de Toráh, la oración sincera y el cumplimiento de los preceptos con kavanah (intención espiritual).
En el ámbito del crecimiento personal, alimentar las raíces implica un trabajo interior profundo de autoconocimiento y refinamiento del carácter. No es suficiente con realizar acciones externas correctas si no hemos trabajado en transformar nuestras motivaciones internas, nuestros miedos, deseos y patrones de pensamiento. Como un árbol que puede parecer frondoso externamente pero estar podrido en sus raíces, una vida espiritual que no se basa en fundamentos sólidos eventualmente mostrará sus debilidades.
La enseñanza también puede relacionarse con la educación judía y la transmisión de valores. Los padres y educadores tienen la responsabilidad de alimentar las raíces espirituales de las nuevas generaciones, no solo transmitiendo conocimiento intelectual sino inculcando amor por la Toráh, respeto por las tradiciones y conexión emocional con la herencia judía. Esto requiere paciencia, consistencia y sobre todo, ser ejemplos vivientes de los valores que deseamos transmitir.
Desde la perspectiva comunitaria, alimentar las raíces significa fortalecer las instituciones y tradiciones que han sostenido al pueblo judío a lo largo de los milenios. En tiempos de asimilación y desafíos externos, es crucial invertir energía en aquellos elementos que constituyen el núcleo de nuestra identidad: el estudio intensivo de Toráh, la observancia meticulosa de la halajá, la vida comunitaria auténtica y la conexión con la Tierra de Israel.
El Rab Shemtob probablemente desarrolla en esta conferencia la idea de que el crecimiento auténtico requiere un equilibrio entre expansión y profundización. Mientras buscamos crecer espiritualmente y expandir nuestro conocimiento y servicio Divino, debemos simultáneamente profundizar en nuestras raíces, fortaleciendo los fundamentos que hacen posible este crecimiento. Sin raíces sólidas, cualquier crecimiento será superficial y temporal.
¿Cuántos años tienes?
En esta profunda enseñanza del Rab Shaul Malej, contenida en el audio A1069 titulado ‘¿Cuántos años tienes?’, se explora uno de los conceptos más fascinantes de la sabiduría judía: la diferencia entre la edad cronológica y la edad espiritual de una persona.
La tradición judía siempre ha tenido una perspectiva única sobre el tiempo y la edad. Mientras que el mundo secular mide los años únicamente por el paso del tiempo físico, la Toráh nos enseña que existe una dimensión mucho más profunda en el concepto de la edad. Esta conferencia del TJK 5753 (año hebreo correspondiente a 1993) aborda precisamente esta distinción fundamental.
Según las enseñanzas jasídicas, cada persona posee múltiples ‘edades’: la edad del cuerpo, la edad del alma, la edad espiritual alcanzada a través del estudio y la práctica de mitzvot, y la madurez emocional y ética desarrollada a lo largo de la vida. El Rab Shemtob, basándose en las enseñanzas del Rab Shaul Malej, nos invita a reflexionar sobre cuál de estas edades realmente define quiénes somos.
La tradición talmúdica nos enseña que hay momentos en la vida donde una persona puede ‘envejecer’ espiritualmente en un instante, a través de una experiencia transformadora o un momento de teshuvá (arrepentimiento). Por el contrario, alguien puede vivir muchos años sin crecer espiritualmente, permaneciendo en un estado de inmadurez espiritual independientemente de su edad cronológica.
Esta enseñanza cobra especial relevancia cuando consideramos los diferentes hitos en la vida judía. La Toráh establece diferentes edades para distintas responsabilidades: trece años para el Bar Mitzvá, cuando un joven asume la responsabilidad de cumplir los mandamientos; veinte años para el servicio en el Templo; cincuenta años para ciertos roles levíticos. Cada una de estas edades representa no solo un número, sino un nivel de madurez y capacidad espiritual.
El concepto de ‘años’ en la tradición judía también se relaciona con la calidad de vida vivida. Los sabios enseñan que los días de una persona justa se cuentan de manera diferente que los de quien no vive según los preceptos divinos. Esto significa que dos personas de la misma edad cronológica pueden tener ‘edades’ completamente diferentes desde una perspectiva espiritual.
La pregunta ‘¿Cuántos años tienes?’ se convierte así en una invitación a la introspección profunda. No se trata simplemente de contar los años transcurridos desde el nacimiento, sino de evaluar el crecimiento real, las lecciones aprendidas, las mitzvot cumplidas, y la cercanía desarrollada con el Creador.
Esta reflexión también nos conecta con el concepto de ‘tiempo sagrado’ en el judaísmo. Cada Shabat, cada festividad, cada momento de estudio de Toráh, representa una oportunidad de crecimiento espiritual que puede agregar ‘años’ a nuestra edad espiritual, independientemente del tiempo cronológico transcurrido.
La enseñanza del TJK 5753 nos recuerda que en última instancia, la pregunta sobre nuestra edad debería motivarnos a evaluar no cuánto hemos vivido, sino qué tan bien hemos vivido, y cómo podemos continuar creciendo espiritualmente cada día de nuestras vidas.